Escuela de verano

Semana Santa 2018

Semana Santa 2018Un año más, tuvimos el placer de disfrutar en nuestro centro de una magnifica experiencia. Celebramos una procesión infantil, en la que no nos faltó el mínimo detalle para poder dar comienzo a la gran Semana de Pasión de nuestra ciudad de Jaén. El alumnado de infantil, primaria y secundaria han trabajado durante las últimas semanas para que ningún detalle pudiera faltar a nuestra gran cita.

Tuvimos la suerte de disfrutar del II Pregón de nuestro centro a mano de Juan Carlos Moreno Montoro, padre de nuestro centro.

II PREGÓN INFANTIL DE LA SEMANA SANTA COLEGIO SANTA MARIA DE LOS APÓSTOLES

Preámbulo.

            “Y cuando ya se acercó a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: Id a esta aldea que tenéis enfrente y, al entrar, hallaréis un pollino atado que no ha sido nunca montado por nadie. Soltadlo y traedlo. Si alguno os pregunta por qué lo soltáis, decidle así: El Señor lo necesita. Fueron, pues, los enviados y hallaron tal como Jesús les había dicho. Cuando estaban desatando el pollino sus dueños les dijeron: ¿Por qué lo soltáis? Porque el Señor lo necesita, les contestaron. Y así lo llevaron a Jesús. Luego pusieron sus mantos sobre el pollino y a Jesús le hicieron montarse encima.  A su paso, la gente iba tendiendo sus mantos en el camino. Y, cuando ya se acercaba a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de discípulos, dando voces de gran alborozo, comenzaron a alabar a Dios por todos los prodigios de que habían sido testigos. Y exclamaban: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!” (Lucas, 19, 29-38).

            Dña. María del Carmen Anguita Gámez, directora del centro, profesores y comunidad educativa del colegio Santa María de los Apóstoles, alumnos y padres, amigos todos.

            He de reconocer que, cuando me propusieron dar este pregón, mi primera reacción fue negarme en rotundo. ¿Cómo iba a dar yo un pregón y menos en un colegio, con la dificultad que supone hablar para niños? Definitivamente no lo podía hacer; no lo iba a hacer. Yo, que por mi cargo actual en la Cofradía de los Estudiantes, soy el encargado de comunicar a los pregoneros de nuestra Cofradía su elección y, en caso de duda, convencerlos, era ahora el que se negaba en redondo. Pero la insistencia de dos personas hizo que no me quedara más remedio que aceptar. Y aquí estoy, sin saber aún muy bien por qué me dejé convencer, pero listo para afrontar una tarea que me gusta. Y es que si hay algo que nos guste a los cofrades es hablar de cofradías, hablar de Semana Santa.

            Por eso quiero agradecer, tal y como es preceptivo, que se hayan acordado de mí para realizar este trabajo. ¿Y qué decir a mis presentadores? Pues simplemente gracias, porque cualquier otra cosa que dijera no sería objetiva y sólo mostraría la debilidad que para un padre suponen sus hijos. Eso sí, nunca he tenido ni tendré en mi vida mejores presentadores que los que he tenido esta tarde, porque es un autentico lujo y un orgullo indescriptible que tus hijos sean los encargados de presentarte. Gracias Juan Carlos. Gracias Andrea. Y que Dios os bendiga a los dos.

            Y aquí estoy, delante de ustedes para pregonar la semana más importante para un cristiano, para un cofrade. La semana en la que conmemoramos y celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Porque eso es exactamente lo que estamos a punto de hacer a dos días vista. Tengámoslo claro y no lo perdamos nunca de  vista.

            Es por eso por lo que mis primeras palabras han servido para recordar el pasaje del evangelio de San Lucas en el que se narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, momento en la vida de Cristo que sirve de pórtico a lo que en pocos días sucedería. Y es que la fama de Jesús ya se había extendido por todo Israel, y sus palabras y hechos habían provocado que miles de personas lo siguieran, si bien no todos entendían cuál era su verdadero mensaje y cuál era su misión en la tierra. La fama, el protagonismo, la relevancia que la figura de Jesús había adquirido suponía un grave problema para los líderes políticos y religiosos del momento que, por un lado, veían peligrar su situación privilegiada en la sociedad y, por otro, temían una revolución, una revuelta, que acabara con el nombramiento de Jesús como Rey, ya que esa era la visión que los judíos tenían del Mesías que tenía que llegar: un Rey que salvaría al pueblo de Israel del dominio del imperio romano y devolvería la grandeza de tiempos pasados a Israel. Como ven, todo totalmente alejado del verdadero mensaje de Jesús: el de la salvación de los hombres.

            Es este momento narrado el punto de inflexión que algunos andaban buscando para terminar de raíz con el problema que Jesús suponía. Es aquí cuando se convencen de que tienen un problema y deciden acabar con El. Y lo hacen con el apoyo y colaboración de esos mismos que lo aclamaban en su llegada a Jerusalén, ya que quedan todos decepcionados al ver que Jesús no tenía la menor intención ni de liberar a Israel ni de hacer nada de lo que ellos esperaban. De esta manera, en cuestión de días pasan de gritar “¡Hosanna al que viene en nombre del Señor!” a gritar “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. No nos debería de extrañar este cambio radical de postura, porque si nos paramos a pensar un minuto, es algo que todos seguimos haciendo dos mil años después. Todos hemos admirado a alguien y cuando este alguien ha dicho o hecho algo que no nos ha gustado, hemos pasado de esa admiración al reproche más absoluto. ¿O no?

            Lo que sucede a partir de ese momento es por todos conocido: la celebración de la Última Cena, con la instauración de la Eucaristía, la oración en el Huerto de los Olivos, la traición de Judas, su detención, su juicio rápido e injusto, su crucifixión y, por último, su Resurrección. Sí, la Resurrección. Porque la Resurrección de Jesús es lo que da sentido a su Pasión y Muerte. Sin ésta, la muerte de Jesús no hubiera sido más que la muerte de cualquier reo, la muerte de cualquier condenado que, en pocos días, hubiera pasado al más absoluto de los olvidos. La Resurrección es el triunfo de la Vida sobre la muerte. En la Cruz, Jesús se echa sobre sus espaldas los pecados de todos los hombres del mundo; con la Resurrección elimina esos pecados y nos abre la vía a una nueva vida.

            Y como ven, esa son las imágenes que las cofradías pondremos en las calles de nuestro Jaén en esta Semana Mayor, rememorando lo que aconteció hace dos mil años. Fíjense si es importante lo que vamos a vivir estos días. ¡Cómo para tomárselo a broma! Y es que el turismo que pueda atraer a nuestra ciudad la Semana Santa es muy importante, el aumento de la actividad empresarial de algunos sectores en concreto, también lo es, pero para un cofrade, para un cristiano, lo verdaderamente importante es recordar que Jesucristo se entregó por nosotros, cada uno en su Hermandad, con la advocación de su devoción, de costalero o de mantilla, de nazareno o portando un cirial, pero sin perder nunca de vista la verdadera razón de ser de lo que vamos a hacer.

            Por eso, como cofrade, me cuesta trabajo entender que alguien que se llame así, cofrade, no participe en la procesión de su Hermandad, ni participe tampoco en sus cultos. Porque no podemos perder de vista que, antes que cofrades, somos cristianos con todo lo que eso conlleva. Podríamos salir en todas las procesiones que se hagan en Jaén y su provincia, y no estaríamos haciendo nada si nuestro comportamiento estuviera alejado de lo que significa ser cristiano.

            Pero cuidado, tampoco se debe participar de cualquier manera. El comportamiento de un cofrade ha de ser ejemplar. Si viste la túnica nazarena de su hermandad, ha de hacerlo con total dignidad: con ésta limpia y planchada, del tamaño correcto, no ha de ir jugando con el cirio o saludando al personal que se vaya encontrado por el recorrido. Y si es un costalero, ha de realizar su trabajo debajo del paso y, cuando abandona su puesto para descansar, ha de hacerlo sin llamar la atención. E igualmente si alguien decide vestir mantilla.

            Llegados este momento, estarán pensando: “menuda bulla nos está metiendo este tío”. O “¿este hombre qué ha venido a dar un pregón o a regañarnos?”. No es mi intención regañar a nadie, pero creo que siempre viene bien recordarnos todos, yo el primero, la importancia que tiene participar en las procesiones de nuestras Cofradías. Como digo, nunca viene mal que lo recordemos y lo tengamos presente.

El sentido de la Semana Santa.

            Acabamos de estrenar la primavera y, prácticamente sin que todavía se hayan desperezado sus aromas, su color, su luz, nos encontramos en la antesala de un nuevo Domingo de Ramos, pórtico de la semana más grande que podemos vivir los cofrades.

            Hago un inciso para explicar algo que, aunque algunos de los presentes lo conocen perfectamente, soy consciente de que otros muchos no saben el motivo y seguramente se preguntarán el por qué. ¿Nunca se han preguntado por qué unos años la Semana Santa cae en marzo, como este año, otros a primeros de abril y otras veces casi finalizando ese mes? ¿Verdad que sí se han hecho esa pregunta alguna vez? Pues brevemente les cuento la razón: en el Concilio de Nicea, que se celebró en el año 325, se estipuló que la fecha en que se celebraría la Pascua de Resurrección sería la del primer domingo después de la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera. Pues ya saben: si quieren saber cuándo caerá la Semana Santa del año próximo, busquen cuándo ocurrirá la primera luna llena de la primavera y tendrán resuelta la fecha.

            Pero como decía, este año nos llega ya, sin hacer ruido, sin que la primavera se haya abierto paso ante el duro invierno de frío y, gracias a Dios, de mucha agua que hemos vivido y que esperemos que, al menos durante los próximos días, deje de caer.

            Y así, casi en un abrir y cerrar de ojos, llegaremos al Domingo de Ramos, un Domingo de Ramos de ensueño y alegría, un Domingo de Ramos de ilusión de unos niños que salen al encuentro del Señor de la Salud con palmas de olivo jiennense para llevarlo en volandas a la Jerusalén celeste que es Jaén. Un Domingo de Ramos que inundará Jaén de Paz, con esa madre de ojos verdes que no duda en seguir a su Hijo hasta el final.

            Un Domingo de Ramos de estreno cofrade del Jaén moderno, de un Bulevar que será testigo privilegiado de la instauración de la Eucaristía por parte de Jesús, pero también de un Domingo de Ramos de barrio castizo, de callejuelas imposibles que parecen querer impedir que Jesús sea presentado a su pueblo, y donde una Estrella pone luz a la noche para alegría de sus madres dominicas.

            Y un Domingo de Ramos que en su ocaso llevará a Jesús a Getsemaní, al Huerto de los Olivos, donde Jesús tendrá un momento de debilidad humana pero que enseguida desaparecerá para aceptar los designios de Dios, mientras sus apóstoles duermen ajenos a lo que está por llegar. “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

            Es sólo el primer día, pero ¡cuánta emoción!, ¡cuántos aromas!, ¡cuánta belleza! y sobre todo ¡cuánta Pasión!

            Sin solución de continuidad alcanzaremos un Lunes Santo de nuevas vivencias y emociones, con un barrio que se vestirá por primera vez de azul nazareno y que será testigo privilegiado de la comparecencia de Jesús ante Caifás, aquel interrogatorio falso que sólo buscaba la excusa para condenarlo y ante el que Jesús dejó claro que El era el Mesías, el Hijo de Dios.

            Y mientras esta Hermandad avanza desde la lejanía de su barrio, Jesús será despojado de sus vestiduras ante Jaén, mientras que su madre de la Amargura, la Virgen de los Toreros, entre pétalos e incienso avanzará sin demora, acompañando a su Hijo en todo su sufrimiento. ¿Acaso no es eso lo que hacen nuestras madres por sus hijos?

 

Si quieres ver fotos de la procesión sigue este enlace.